Estrés:
Comprendiendo, Evaluando y Superando los Desafíos Cotidianos
El estrés, un fenómeno emocional complejo, surge cuando una persona percibe que sus recursos son insuficientes para hacer frente a las demandas de una situación particular. A menudo, se confunde con la ansiedad, aunque estas son experiencias distintas que merecen su propio análisis.
Cuando enfrentamos una situación, realizamos una serie de evaluaciones de manera inconsciente:
- Evaluación automática inicial: Esta evaluación surge de forma rápida y automática. Por ejemplo, «Soy la persona menos competente en inglés en este grupo. Seré juzgado y ridiculizado».
- Evaluación primaria de las demandas: Aquí, evaluamos las demandas de la situación. Por ejemplo, «Estas personas no hablan mi idioma, así que debo comunicarme en inglés».
- Evaluación secundaria de nuestros recursos: Evaluamos los recursos disponibles para enfrentar la situación. Por ejemplo, «Solo tengo un nivel B1 en inglés».
Ante estas evaluaciones, activamos diferentes tipos de respuestas:
- Respuestas instrumentales: Estas respuestas implican cambios en el comportamiento o la situación. Por ejemplo, concentrarse más o mejorar el acento.
- Respuestas paliativas: Estas respuestas se centran en regular las emociones. Por ejemplo, practicar técnicas de respiración para reducir la ansiedad.
Cuando percibimos que no podemos hacer frente a la situación, pueden surgir respuestas de ansiedad intensa, acompañadas de emociones como tristeza o ira.
¿Cómo afrontar eficazmente situaciones estresantes?
El afrontamiento eficaz implica una combinación de esfuerzos cognitivos, conductuales y físicos para hacer frente a las demandas específicas. Para lograrlo, podemos dividir lo que podemos hacer a corto y largo plazo:
A Corto plazo, podemos utilizar técnicas de distracción y defusión del pensamiento, así como técnicas de respiración y relajación, o mindfulness o técnicas de grounding. Cuando estamos en un nivel alto de estrés, resulta casi imposible reevaluar nuestros pensamientos, y esto puede resultar incluso contraproducente.
A largo plazo, podemos:
-Modificar nuestros pensamientos: Reevaluar nuestras creencias sobre las demandas y nuestros recursos. Por ejemplo, reconocer que no podemos exigirnos más de lo que actualmente sabemos.
-Disminuir las demandas: Reducir las expectativas sobre nosotros mismos o comunicar nuestras limitaciones a los demás.
-Aumentar nuestros recursos: Desarrollar nuevas habilidades o buscar apoyo adicional, como clases de inglés para mejorar nuestras competencias lingüísticas.
-Aceptación y autocompasión: No podemos tener un acento perfecto de repente, podemos hacerlo gradualmente, con objetivos a largo plazo. Si podemos aceptar esto y darnos un poco de margen, el estrés bajará.
En resumen, comprender cómo evaluamos las situaciones estresantes y desarrollar estrategias efectivas de afrontamiento puede ayudarnos a manejar el estrés de manera más saludable y productiva.